Estress

Comprendiendo el estrés

Desde hace ya varios años se habla mucho del estrés, pareciera que es la única palabra en nuestros vocabularios para designar, insomnio, ansiedad, miedo, preocupación, cansancio, mal humor, tensión muscular, colitis, dolor de cabeza y sobre todo, algunas combinación de algunos de los elementos enumerados. Debido a que el estrés puede afectar a personas de cualquier edad, género y circunstancias personales, se le ha conocido como la “enfermedad del siglo XXI”.

La verdad es que si bien el estrés se percibe con frecuencia como una sensación de agobio, preocupación y agotamiento; por definición, el estrés es cualquier “experiencia emocional molesta que venga acompañada de cambios bioquímicos, fisiológicos y conductuales predecibles”(Baum, 1990).

De acuerdo con esto, el estrés en sí no es del todo negativo, en ocasiones su presencia representa una excelente oportunidad para poner en marcha nuevos recursos personales, fortaleciendo así la autoestima e incrementando las posibilidades de éxito en el futuro. Sin embargo en muchas ocasiones, el estrés bien llevado no se percibe como tal, así que en esta entrega nos enfocaremos en los efectos negativos del estrés.

Uno de los pioneros en investigar las causas de esta enfermedad fue el médico austrohúngaro Hans Selye en los años 30, cuando estaba en segundo año de carrera empezó a desarrollar su teoría sobre la influencia del estrés en la capacidad de adaptarse a las consecuencias de lesiones o enfermedades. Selye, quien fue director del Instituto de Medicina y Cirugía Experimental de la Universidad de Montreal en Canadá, contempló tres fases para detectar el Síndrome de Adaptación General, forma en la que llamó al conjunto de síntomas que hoy en día conocemos como estrés.

  1. Fase de Alarma: alteraciones de orden fisiológico y psicológico que presenta el organismo ante una posible situación atípica, generando ansiedad o inquietud.
  2. Fase de resistencia: Fase de adaptación a la situación estresante.
  3. Fase de agotamiento: Si la fase de resistencia fracasa, es decir, si los mecanismos de adaptación ambiental no resultan eficientes se entra en la fase de agotamiento donde los trastornos fisiológicos, psicológicos o psicosociales tienden a ser crónicos o irreversibles.

Otro punto a considerar cuando se habla de estrés es que un mismo hecho no resulta igual de estresante para todas las personas, ni siquiera en todas las circunstancias o momentos de la vida para la misma persona, entre los factores determinantes encontramos:

  • La forma de evaluar el suceso y/o las capacidades para enfrentarle: mientras alguien, por ejemplo puede considerar un ascenso laboral como una amenaza, para otro puede suponer un reto personal.
  • La manera de hacer frente a las dificultades: negar el problema, aplazarlo o poner en marcha conductas de autocontrol, por citar sólo algunas, conlleva distintas consecuencias en la percepción del estrés.
  • Características personales: las personas tenemos diferentes maneras de reaccionar ante las circunstancias que demandan un esfuerzo de nuestra parte, son rasgos que si bien no pueden considerarse definitivos, se van consolidando con la acumulación de experiencias, como por ejemplo la emotividad o la reactividad ante el estrés.
  • La tensión o el nerviosismo: estas son variables individuales, tanto en su percepción como en sus consecuencias.
  • Apoyo social: el número y calidad de relaciones que una persona mantiene puede servir como amortiguadores o amplificadores de los acontecimientos potencialmente estresantes, así como la habilidad para pedir consejo o ayuda.

Lo más importante es no perder de vista que el estrés sostenido por largos periodos puede dar lugar a problemas de salud tanto física como psicológica y si no se tienen las herramientas para afrontarlo y para regularlo, puede desencadenar en trastornos más serios como: ansiedad, ataques de pánico, desarrollo de obsesiones, depresión, trastornos del sueño como el insomnio, trastornos en la vida sexual, dolor muscular, presión alta y debilitamiento del sistema inmunitario (Baum y Polsusnzy, 1999). Además, investigaciones han demostrado que hay una relación entre el estrés crónico y el abuso de sustancias adictivas (Sinha, 2008).

Un psicólogo/a puede ayudar a manejar el estrés de forma eficaz, a identificar aquellas conductas y situaciones que elevan sus niveles y a superar las barreras que impiden llevar una vida saludable. En bluMEDICA contamos con profesionales capacitados para apoyarte si estás pasando por un momento de estrés o consideras que este ya se volvió crónico y lo mejor es que no necesitas desplazarte, los puedes consultar desde la comodidad de tu casa u oficina.

 

Referencias

  • American Psychological Association. Comprendiendo el estrés crónico. Consultado el 3 de septiembre de 2018 en: http://www.apa.org/centrodeapoyo/estres-cronico.aspx
  • Baum, A. (1990). Stress, Intrusive Imagery, and Chronic Distress, Health Psychology, Vol. 6, pp. 653-675.
  • Baum, A. y Polsusnzy, D. (1999). Health Psychology: Mapping Biobehavioral Contributions to Health and Illness. Annual Review of Psychology, Vol. 50, pp. 137-163.
  • Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos. El Estrés. Consultado el 4 de septiembre de 2018 en : https://www.cop.es/colegiados/ca00088/pag13.htm
  • Sinha, R. (2008). Chronic Stress, Drug Use, and Vulnerability to Addiction. Annals of the New York Academy of Sciences, Vol. 1141, pp. 105-130.